jueves, 14 de diciembre de 2017

Los tirantes


El sentido común se esconde bajo la víscera, la mala leche lo enfanga todo y la presunción de inocencia se olvida en estos caminos de ira españolista.
Un joven ha sido detenido y los medios de información han engrasado la trituradora para destrozarlo públicamente.
Sin juicio, sin saber qué hostias ha pasado, las redes se suman al linchamiento, afirman sin rubor que lo han matado porque llevaba tirantes rojos y amarillos. Y se quedan tan panchos. Nada más se sabe de momento.
Pero como tiene rastas, ya estuvo en el talego, es chileno, es rojo, okupa, maricón, anarquista, vasco, catalán o ateo es suficiente argumento para desollarlo.
La casquería en la que se han convertido muchos periodistas trabajan a pleno rendimiento para que el populacho pida venganza, no para que se exija justicia por los mendigos que queman, no para los homosexuales que golpean día sí y día también, no para los zurdos que insultan, no para los hinchas de futbol que arrojan al río. No.
La justicia desaparece siempre por el lado antifascista de nuestras vidas.
 Rodrigo Lanza, de momento yo sí te creo.


martes, 12 de diciembre de 2017

El pan y mi poesía


Yo quiero poesía para todos, poesía que no cueste el esfuerzo de renunciar al pan o a los vinos.
Ahí es donde quiero que estén mis versos.
La poesía, si aún soñamos con hacer de ella una herramienta, debe ser humilde, necesaria y accesible, como el agua.
Y para conseguir esto no basta con sacar los versos a la calle, con gritarlos, con agitarlos igual que banderas ciegas, no basta con ser la voz del desencanto. Si alguien, quien sea, desea en la intimidad de su casa, leer lo que hemos dicho en su nombre, pero no puede adquirir el libro, entonces, nuestro discurso, (al menos el mío), queda vacío.
Siempre me cuestiono a mí misma por la distancia que existe entre mi decir y mi hacer y por esto intento que cada vez haya menos abismo.
Mi obsesión es desempeñar este oficio con la pulcritud de la coherencia.
Hace tiempo que decidí ser poeta para acompañar con mi voz la barbarie de este tiempo, hace tiempo que mi poesía va unida, como un cordón umbilical, al llanto y a la ira y por esta decisión que tomé creo que de nada serviría mi escritura si luego quienes sufren la tragedia de todas las injusticias no pueden tener los poemas que deletrean su dolor, nuestro dolor y que son el nombre propio de nuestros escritos.
Me debo a los que padecen callada y diariamente. Mi deseo es que puedan llevarse versos al corazón como se lleva aire a los pulmones, sin apenas darse cuenta. Sin más peaje que la gratuidad de internet o la venta de mi poemario a precios asumibles.
Yo sé que sueño demasiado pero hay más que sueñan conmigo. Editorial Reflector también lo hace, tercamente, con cada nueva edición, con cada nuevo autor, a cara descubierta.
Los sueños son pequeñas huellas que muestran el camino hacia Utopía.
Yo pongo mis dedos pegados a la tierra para leer hacia donde se dirigen.
Ojalá sirva caminar. Ojalá mi poesía sea capaz de acompañarlos en estos tiempos de vigilias.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Los sudarios



 Mientras Palestina desparece de los mapas, mientras borran sus fronteras a golpe de masacre, de cárcel y de hambre, tejen sudarios para los niños.
Tejen sudarios porque saben que morirán más y más deprisa, porque no van a dejarse arrebatar Jerusalén, porque ya todo lo han perdido.
Tejen sudarios para los niños mientras detienen a sus hijos,
mientras cae el plomo y las casas se convierten en ceniza,
mientras se desangran los olivos y el cielo supura luces que asesinan.
Tejen sudarios y guardan las llaves, tejen sudarios y se miran las manos y tejen más rápido y tejen y tejen, tan blanco, tan blanco, tan rojo de pronto, de pronto tan rojo.
Tejen sin luz, sin aire, sin pan, con muñones.
Tejen las madres, tejen los padres, tejen los huérfanos que vieron la muerte precoz y de balde.
Porque van a defender su tierra tejen y tejen sudarios con rabia y con lágrimas.
La guerra ha empezado, el Imperio está alegre, Israel ya dispara.
Los niños se enfrían, nunca un sudario sirvió al mundo de abrigo. 

viernes, 1 de diciembre de 2017

De espaldas


A veces tranquiliza pensar que un día la historia pondrá en claro las cuentas.
Tranquiliza pensar que los que hoy viven la gloria belicista, mañana serán sepultados con la ira de los pueblos que están siendo diezmados.
Quizá entonces Libia, Irak, Siria, Afganistán o Palestina muestren la verdad de sus entrañas a los que quisieron imponer violencia a cambio de democracias y de tierra.
Quizá señalen con sus muertos a los que callaron cada uno de los bombardeos, a los que denigraron cada una de las resistencias, a los que ningunearon el dolor hasta convertirlo en una anécdota, a los que desinformaron para que creyéramos que el problema eran las víctimas, a los que sosteniéndose en su reputación de intelectuales cerraron los ojos y acariciaron al imperio que quiso arrasar con todo.
A veces tranquiliza pensar que la memoria es un ser vivo que pasa de mano en mano, de patria en patria, de siglo en siglo.
Sirve de consuelo pensar que no habrá olvido, que quizá mañana los que hoy caen tiroteados serán honrados con justicia.
Ojalá sea así y lo veamos.
Pero no quiero pensar en el futuro cuando  es hoy y ahora lo que importa: más muertos en Nablus, más gente sin casa, más infancias hambreadas, más grilletes, más cadenas, más infamia.
Y nosotros, de espaldas.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Día internacional de solidaridad con Palestina


Pido silencio mientras escribo.
Pido silencio para escuchar los gritos.
No entretengan mi canto con estrellas
ni con dioses que asesinan.

Es de noche y continúa anocheciendo.
Pido silencio mientras escribo,
no me den la mano,
la tengo entretenida con esta poesía.

Pido silencio,
silencio es todo lo que pido,
silencio mientras escribo y sumo
cada uno de los gritos
a los gritos de hace un segundo.

Pido silencio.
Es todo lo que pido.
La noche se alarga,
los crímenes hacen daño con su ruido.

Yo estoy aquí,
Yo estoy aquí
Y no sirvo de nada.


Poema del libro Canción inútil para Palestina, 2007. Silvia Delgado.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Pelo en pecho


Estos días la violencia contra las mujeres está en el discurso de casi todos.
La mayoría nos escandalizamos con los asesinatos, con los golpes, con los insultos, con los desprecios.  
Las violaciones están en la boca de todos, el “no es no” se prodiga por internet. Juana estuvo en la casa de muchos de nosotros y muchos conocemos o hemos vivido en primera persona, la violencia del macho contra la esposa, madre, hermana o compañera.
Es decir, defendemos lo correcto, sentimos empatía, difundimos videos… El color morado nos viste, adorna o maquilla.
Yo tengo la sensación de que los machistas son como los fachas. Aguantan su impostura con lacitos y proclamas, pero si se les lleva la contraria sacan la lengua e insultan. Llaman feas a las mujeres que no hacen la política que les gusta, amenazan a las que señalan sus comportamientos infames de caverna, hablan en nuestro nombre, babean si ven tetas gordas, desprecian a las que son viejas.
Los machistas que se dicen feministas van a las manifestaciones llevando camisetas que dicen “yo te creo”, “fuck patriarcado” o “contra el mal general feminismo radical”, pero intramuros el pelo en pecho y los cojones ocupan su sitio. Ellos leen y ellas friegan.
Como los demócratas que piensan que con Franco vivían mejor, los feministas impostores saben que con el machismo viven sus vidas mejor.
Y por supuesto no están dispuestos a hacer nuestra revolución.

lunes, 20 de noviembre de 2017

20-N El puerco


La Ley de Memoria Histórica de 2007 obliga a quitar todos los símbolos y monumentos que exalten el franquismo. Sin embargo, existen calles y edificios, placas conmemorativas e insignias que ensalzan a altos cargos y funcionarios franquistas.

Mientras respire saludable en cada renglón de la historia,
mientras no sean vencidos y arrancados sus honores,
mientras sea acunado con sus sables,
y su estertor no sea celebrado por los que lo sobrevivieron,
vive el tirano.

Mientras los nostálgicos con el brazo en alto peregrinen hacia el valle, 
mientras se apelotonen en las iglesias para esperar el milagro de su retorno,
mientras por las calles se paseen generales y fieles  mirando sus nombres propios escritos en mapas y en paredes,
vive el tirano.

Vive en la cruz y en la estatua.
en uniformes y calendarios,
en fachadas, en aspas, en flechas,
en el águila que sobrevuela paciente y hambrienta,
en misas dominicales y
en canciones impúdicas cantadas al sol y por la cara.

Vive el tirano, claro que vive.

Y mientras viva con paz su memoria ultrajante
los que sí merecieron una tumba noble
arañaràn la tierra hasta hacernos sangre.