domingo, 21 de mayo de 2017

Los mangantes


Las poetas no deberíamos intentar explicar el mundo más allá de nuestros asuntos de corazón, pero no soy poeta al uso, yo también camino con dificultad entre el fango.
Estos días parece que la corrupción está ahogándonos, la podredumbre sale a la luz con todas sus tinieblas, los ladrones avalados por las urnas se pasean por los tribunales y la gente, encolerizada, intenta salir del shock para exigir pulcritud y decencia.
Mientras esto sucede, nos vigilan más de cerca, nos acorralan con leyes, nos dicen suave o toscamente que esto seguirá así por los siglos de los siglos. Es la democracia.
Con la finura de los reyes o la patanería del concejal de pueblo la rapiña continuará.
Nosotros, la gente sencilla y trabajadora, aún no queremos darnos cuenta de que por las buenas esto no cambiará, quizá algunos vayan a la cárcel, igual algunos paguen con humillación su ladroneo y prepotencia, quizá algunos se retiren antes de empezar a corromperse, pero lo cierto es que una vez apagado el foco que alumbra a unos cuantos sinvergüenzas el sistema será capaz de regenerarse pa poder seguir mangando.
De eso trata esta democracia.
Banqueros, empresarios… gentuza que lo quiere todo: salud, educación, fuerza de trabajo, materias primas… su dinero lo compra todo: voluntades, ideas, principios, coherencia.
Desengañémonos, los pilares del sistema no tiemblan, aunque lo parezca.
La solución no está en oxigenar una democracia que se nutre del capitalismo más genocida.
Nuestro verdadero problema es el capitalismo.

Dentro de él, respirando desde su entraña, todo cambiará para volver a ser lo mismo.

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